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Por Jean-
Publicado en el Boletín Informativo nº 13 (2.007) del G.E.I.M.M.E.
Jean Baptiste Willermoz nació en Lyón el 10 de julio de 1730, y murió en la misma ciudad el 29 de mayo de 1824. Fue un Masón de una envergadura excepcional, de aquellos que no se dan muchos en un siglo. Resulta innegable que ha sido una de las personalidades más eminentes y considerables de la historia de la Masonería -
Proveniente de una antigua familia burguesa de Saint-
A pesar de consagrar a la Francmasonería lo esencial de su larga vida, se comprometió activamente en la vida de su ciudad, conforme al espíritu de las reglas que él mismo había dictado para los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa; es decir, poniendo sus facultades de organizador y administrador al servicio de la religión y la beneficencia en su más amplio término. En esta línea, fue sucesiva o simultáneamente, administrador del hospital (durante el peligroso período del Terror, en 1793), luego lo fue de los hospicios civiles de Lyon, miembro del consejo parroquial de San Policarpo; como consejero general del departamento del Rhôn, se ocupó de la instrucción primaria, acabando por ser un agricultor apasionado... Willermoz lo fue todo, salvo un Masón de salón.
Sin embargo, es por su obra masónica que ha pasado a la posteridad. Iniciado en 1750 a la edad de 20 años en una logia cuyo nombre se ignora, franqueó muy rápidamente todos los escalones. Elegido Venerable apenas dos años más tarde, en 1752, siente la necesidad de poner orden en una situación "marcada por abusos a los que cada vez se les daba mayor crédito", contribuyó a formar, en 1760, la Gran Logia de los Maestros Regulares de Lyon, reconocida en 1761 por la Gran Logia de Francia. Después de haber sido su Presidente entre 1762-
El objeto de sus investigaciones, es decir, el verdadero fin de la Francmasonería, le fue revelado cuando fue admitido, en marzo de 1767, por Martinez de Pasqually en persona, en su Orden de los Caballeros Masones Elegidos Cohen del Universo. En otra carta, igualmente de 1772, a otro dignatario de la Estricta Observancia, el barón Landsperg, Willermoz se explica con discreción pero con nitidez: "Ciertas felices circunstancias me procuraron la ocasión durante mis viajes de ser admitido en una sociedad, bien estructurada y no muy numerosa, cuyo objetivo me sedujo, ya que me fue presentado fuera de las reglas ordinarias. Desde entonces, todos los sistemas restantes que yo conocía (pues no puedo juzgar los que no conozco) me parecieron fútiles y repulsivos. Es el único en que he encontrado esa paz interior del alma, la mayor ventaja de la humanidad, relativa a su ser y a su principio". De hecho, convencido de haber descubierto la verdad de la Masonería, Willermoz no la dejará jamás y, en despecho de las apariencias y a lo que se haya pretendido, permanecerá fiel a su iniciador Martinez, a su doctrina y a su Orden.
Después de haber sido recibido, como bien acaba de decir, en el curso de una ceremonia plena de emoción (ceremonia que Willermoz relataría en 1781 a Charles de Hesse), el Gran Soberano, que había descubierto sus capacidades, lo nombra poco después "Inspector General del Oriente de Lyon y Gran Maestro del Gran Templo de Francia". En mayo de 1768, el Sustituto Universal de la Orden de los Elegidos Cohen, Bacon de la Chevalerie, lo ordena Réau-
Willermoz se tomó muy en serio las funciones que le habían sido conferidas y, meticuloso como era, fue entre los discípulos de Martinez el que más le presionó por obtener los rituales, instrucciones y otros documentos necesarios a los Cohen para poder trabajar. A este respecto, su correspondencia con Saint-
Y es que Willermoz había hecho suya de entrada, y para siempre, la doctrina de la reintegración, doctrina que desde entonces estimó que debía ser, y debía serlo para siempre, la base de la Masonería primitiva y auténtica. Si acaso esta doctrina era ausente de tal o cual sistema masónico, ello era la señal inequívoca de que éste era de naturaleza "fútil o repulsivo" o incluso "apócrifo", decía, tomando prestado el término y la idea de Martinez.
El descubrimiento de la doctrina de Martinez no disuadió en absoluto a Willermoz de continuar sus investigaciones sobre todos los sistemas masónicos que caían en su mano, y de solicitar también a sus numerosos corresponsales, a menudo príncipes, como era el caso de Charles de Hesse, el intercambio de "luces" sobre los mismos. Pero se ha confundido completamente el sentido de estas investigaciones, que se han presentado como una búsqueda incesante y siempre inacabada de la verdad. Nada más erróneo. Ésta verdad, Willermoz estaba convencido de haberla recibido, y ella le satisfacía por entero. Si continuaba buscándola más allá de la Orden de Martinez, era absolutamente en otro sentido: su intención era reunir en un solo manojo todos los sistemas masónicos auténticos, auténticos por que por hipótesis, comportaban la misma doctrina, o mejor aún, retomando una imagen que Willermoz utilizaba a menudo, por reunir las ramas salidas de un mismo tronco. Esta "reunión general de todos los ritos y sistemas masónicos" era una idea que perseguía desde hacía largo tiempo, y que expuso públicamente ante el Convento de Wilhelmsbad, idea que encuentra eco en la titulación oficial de las Logias del Régimen Escocés Rectificado, que no es otro que: "Logias Reunidas y Rectificadas".
Es en este sentido y no en otro como hay que interpretar su adhesión y la de los grupos de los que era su principal inspirador, en Estrasburgo y en Lyon, y en la Estricta Observancia, dicha también Masonería reformada o rectificada de Dresde. No obstante, esta adhesión con la Estricta Observancia alemana se hizo sobre la base de un completo equívoco: cuando el barón de Weiler, emisario de Charles de Hund, hablaba de "restablecer la Orden a su primer estado", éste entendía por ello el restablecimiento de la Orden del Temple abolida en 1313, mientras que Willermoz sobrentendía en sus palabras el retorno a la Masonería primitiva tal como Martinez enseñaba. Más adelante, Willermoz le confesaría a Charles de Hesse haberse sentido "caer del nimbo" al encontrarse, para sorpresa suya: "ante un sistema (la Estricta Observancia) sin bases y sin pruebas" y con una "profunda ignorancia sobre las cosas esenciales". La prueba -
Sin embargo, como se suele decir, no hay mal que por bien no venga. El perfecto conocimiento que Willermoz tenía del panorama masónico francés y europeo le llevó rápidamente a la conclusión de que el sistema de Martinez era verdaderamente demasiado heterogéneo en relación a la Masonería de su tiempo para poderse implantar de manera duradera, y con mayor motivo para suplantar las otras. Ello obedecía, en el fondo, a la doctrina y, en la forma, al hecho de que el sistema de Martinez era en realidad una crypto-
Fue entonces cuando tuvo la genial idea de constituir su propio sistema que transmitiría, a la vez por la enseñanza y por la iniciación, ésta verdad y que, por añadidura, protegería en su fuero interno la Orden de los Elegidos Cohen. El resultado fue el Régimen Escocés Rectificado, que sería oficialmente sancionado, a nivel de Francia, por el Convento de las Galias, hecho en Lyon entre noviembre/diciembre de 1778, luego a nivel internacional, por el Convento de Wilhelmsbad, en Alemania, entre agosto/septiembre de 1782.
Éste Régimen está dotado de una arquitectura concéntrica, compuesta por sucesivos círculos, que son en número de tres:
La Clase Simbólica u Orden Masónica, con sus cuatro grados de: Aprendiz, Compañero, Maestro y Maestro Escocés;
La Orden Interior, la cual es caballeresca, con sus grados, o quizá mejor etapas, de Escudero Novicio -
Estos dos primeros círculos constituyen lo que Willermoz denomina las "clases ostensibles" del Régimen. Ellas contienen lo esencial de las formas exteriores o grados masónicos y caballerescos en vigor en Francia y Alemania (usos de lo que se llamará más tarde el Rito Francés, grados "escoceses", Estricta Observancia), mediante las adaptaciones nada deleznables exigidas por la doctrina.
Viene a continuación un tercer círculo, la "Clase Secreta" de la Profesión y Gran Profesión, capital innovación de Willermoz, en la que "los Hermanos de las clases inferiores que sean juzgados dignos son iniciados, después de las pruebas requeridas, en el conocimiento de los misterios de la antigua y primitiva Masonería y son reconocidos aptos para recibir la explicación y el desarrollo final de los emblemas, símbolos y alegorías masónicos" (Art. 1º de los Estatutos).
Estos tres círculos o clases constituyen el Régimen Escocés Rectificado. No obstante, engastado en su corazón, se encuentra un cuarto círculo, protegido bajo el velo del misterio, y que es el non plus ultra: la Orden de los Élus Cohen. Pero no es posible ninguna confusión. Aunque situada en el centro del Régimen Rectificado, la Orden Cohen no es el Régimen Rectificado; pasando del uno a la otra se cambia a un mundo distinto. En particular, Willermoz se apresuró a proscribir en las clases del Régimen todo lo que pudiera aparentar el menor resquicio de prácticas teúrgicas, como por ejemplo la cábala o la alquimia, siendo estas prácticas exclusivas de la Orden Cohen.
Lo que en contrapartida, tanto la Orden Cohen como el Régimen Escocés Rectificado tienen en común, es la doctrina de la reintegración, esta "ciencia del hombre", tomando la expresión de Joseph de Maîstre, que la Masonería tiene por función enseñar y poner en práctica iniciáticamente. Su substancia iniciática, y por consecuencia, su ritual iniciático, están enteramente fundamentados sobre: 1) la caída del hombre de su estado glorioso original, y 2) su retorno, su reintegración, por medio de la iniciación a ese estado primitivo, iniciación, que para poderse operar exige la intercesión y la acción del "Gran Reparador", que es el Cristo.
La doctrina de la reintegración, Willermoz la ha recibido de las enseñanzas de Martinez. Pero la recibió también de la lectura de las enseñanzas de los Padres de la Iglesia. En efecto, lo que no es muy conocido, es que Willermoz tenía una sólida cultura religiosa; fue educado en los Jesuitas, y a pesar de su precoz actividad profesional, no dejó nunca de tratar de instruirse, lo que podía hacer con facilidad pues contaba con varios clérigos en su propia familia, por no hablar de su entorno masónico. Es así, que el fondo masónico de Lyon conserva sus notas de lectura sobre los Padres de la Iglesia, en particular los Padres griegos (cuyas traducciones eran menos raras de lo que se cree comúnmente). Ahora bien, el tema de la caída y la reintegración es lo que los Padres han expresado, según san Irineo de Lyon, por el tema de la "imagen y semejanza". El hombre ha sido creado a imagen de Dios y según su semejanza; la caída le ha hecho perder la semejanza, pero la imagen, huella divina, permanece inalterable; queda pues readquirir o reconquistar la semejanza. Tal es el objeto y el fin de la iniciación: el retorno de la deformidad a la conformidad, del estado caído al estado anterior a la caída.
Todo el sistema elaborado por Willermoz, es decir, el Régimen Escocés Rectificado, está modelado, y sus formas adaptadas, para permitir a la iniciación operar de ésta manera.
Además, Willermoz, convencido de que la inteligencia es un talento recibido de Dios -
Las mismas cualidades: lógica, claridad, sentido de los matices, calidad de expresión, caracterizan el Preámbulo, verdadero discurso/programa que pronunció ante el Convento de Wilhelmsbad, el 29 de julio de 1782, a fin de presentar a la vez el Régimen y su inspiración. Willermoz estaba verdaderamente dotado tanto para los conceptos y la escritura como para la organización; era con evidencia un espíritu de primer orden.
Lo que sin embargo resulta importante remarcar con fuerza es que Willermoz nunca reconoció ser el verdadero autor de las instrucciones de las que era redactor, siempre creyó, al igual que afirmaba Martinez, no hacer más que transmitir una muy antigua tradición, casi inmemorial. De hecho, tanto para uno como para el otro, ésta tradición, es decir, a la vez la doctrina, que es la ciencia del hombre, ciencia de la reintegración del hombre y la iniciación que va con ella, son el hecho de un único "Alto y Santo Orden", cuyo origen es tan antiguo como el mundo, y del que, tanto la Orden de los Élus Cohen como el Régimen Escocés Rectificado, son simples manifestaciones temporales, de ahí su harmonía de alguna manera preestablecida. Alto y Santo Orden, cuya función es la de restablecer el verdadero Templo, el templo del Hombre donde reside el Espíritu, por y en Cristo -
Cuando murió en 1824, a la venerable edad de 94 años, quizá Willermoz tuviera el sentimiento de que su obra se extinguiría con él, o que simplemente se había extinguido ya antes. Sabemos que no fue así, y que el Régimen Escocés Rectificado, en todas sus clases, retomó más tarde fuerza y vigor, sin hablar de la Orden de los Élus Cohen que excedería el campo del presente estudio. Sin embargo, podemos ahora decir -
Bibliografía sumaria
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