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"Es un espectáculo, bastante
aflictivo, cuando se quiere contemplar al hombre, verlo atormentado
por el deseo de conocer sin percibir las razones de cosa alguna y,
al mismo tiempo, teniendo la audacia y la temeridad de querer darlas
para todo. En lugar de considerar las tinieblas que lo envuelven y
comenzar sondeando su profundidad, él sigue de frente, no sólo
como si estuviese seguro de disiparlas, sino como si no existieran
obstáculos entre él y la Ciencia; sin parar de esforzarse
por crear una verdad, osa colocarla en el lugar de aquella que debería
respetar en silencio y sobre la cual no tiene hoy otro derecho a no
ser el de desearla y esperar por ella. En verdad, si él está absolutamente
separado de la Luz, ¿cómo podrá por sí solo
encender la antorcha que le debe servir de guía?. ¿Cómo
podrá por sus propias facultades producir una Ciencia que venga
a dirimir todas sus dudas?. Esas tenues luces y esas apariencias de
realidad que cree descubrir en las ilusiones de su imaginación, ¿no
se desvanecen ante el más mínimo examen?. Y después
de haber producido fantasmas sin vida y sin consistencia, ¿no
se ve forzado a sustituirlos por nuevas ilusiones que corren la misma
suerte y lo dejan sumergido en la más terrible incertidumbre?. Él
podría ser feliz, mientras tanto, si su flaqueza fuese la única
causa de sus equívocos. Su situación sería mucho
menos deplorable, pues, no pudiendo por la fuerza de su naturaleza
encontrar reposo a no ser en la Verdad, cuanto más dolorosas
sean sus pruebas más servirán para conducirlo al único
objetivo hecho para él."
De los Errores y de la Verdad.
Louis Claude de Saint-Martin
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